Sabiendo lo que Dios requiere de nosotros
“La suma de Tu palabra es verdad, Y eterna cada una de Tus justas ordenanzas.” (Salmos 119:160)
La palabra de Dios es el juicio y veredicto final en cualquier tema. Es la totalidad de la Biblia que nos enseña y guía en todo aspecto de la vida. Dios, por medio del Espíritu Santo, especifica lo que Él desea de nuestra parte. Esto no tiene nada que ver con las emociones humanas, situaciones o proposiciones hipotéticas, o cambios culturales.
El escritor a los hebreos (6:17-18) nos dice que cuando Dios promete algo Él lo cumple. Dios no cambia por y para nadie. Su propósito y plan desde el principio hasta el día de hoy son los mismos y no puede cambiar. Dios no puede mentir y por dos cosas inmutables, Sus promesas y Su juramento, debemos confiarnos en que Su propósito nunca cambiará.
Los hijos de Dios deben usar la Biblia como su única guía y siempre buscar un “así dice el Señor” en todo tema.
¿Acaso espera Dios que le obedezcamos en todo?
Hay varios ejemplos en la Biblia que se pueden estudiar para encontrar la contestación a esta pregunta, pero no es necesario estudiar cada ejemplo para encontrarla. Los más comunes serán considerados.
Adán y Eva: En Génesis 1-3 se lee en donde Dios creó al mundo y todo lo que en él hay, la creación del hombre y la mujer, las instrucciones dadas a ellos y las consecuencias de la desobediencia. Génesis 2:16-17, declara a la primera pareja que podían comer de todo árbol menos el del conocimiento entre el bien y el mal. Al violar este mandamiento de cierto morirían. Eva fue engañada por el diablo y el hombre participó del pecado. Como castigo ambos fueron expulsados del huerto y eventualmente murieron. (Génesis 3) Adán y Eva desobedecieron a Dios en un punto y fueron castigados. Jehová demandó obediencia completa de los primeros padres. (Puntos en que meditar no. 3)
Cían y Abel: Los hijos de Adán y Eva también recibieron instrucciones específicas sobre hacer una ofrenda a Dios. Caín le llevó a Dios del fruto de la tierra mientras Abel le ofreció a Dios de su ganado. Dios se agradó de Abel y se desagradó de Caín. (Génesis 4:1-7). El estudiante de la Biblia debe recordar que el Salmo 119:160, dice que la suma de la palabra de Dios es verdad. También, Pablo dijo a Timoteo (2 Timoteo 3:16) que toda escritura es inspirada y útil para enseñar. Entonces, al leer Hebreos 11:4 nos damos cuenta que “...por fe Abel ofreció un sacrificio mejor que el de Caín...” Luego en Romanos 10:17 Pablo dice que la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios. Esto significa que Dios especificó a Caín y Abel lo que Él deseaba como ofrenda. Caín desobedeció y esto desagradó a Dios. Jehová esperaba obediencia completa de Caín y Abel, uno le falló.
Nadab y Abiú: Levíticos 10:1-2, menciona que estos hijos de Aarón tomaron sus respectivos incensarios, y después de fuego sobre ellos y echar incienso sobre él, ofrecieron fuego extraño a Dios, que Él no había ordenado. Al instante Nadab y Abiú fueron consumidos con fuego y murieron. El mismo libro (Levíticos 16:12) especifica que Dios quería fuego del altar. Estos hombres desobedecieron en un punto muy pequeño, según el humano lo ve, pero para Dios este no fue algo insignificante, pero sí de mucha importancia.
El Rey Saúl y los Amalecitas: 1 Samuel 15 relata un mandamiento al Rey Saúl en cuanto a los Amalecitas. En el versículo 3 Dios especifica que Saúl debe matar todo lo que tiene vida, tanto a hombres como a mujeres, tanto a niños como a animales, ¡todo! Se lee que Saúl y el ejército derrotaron a Amalec pero capturaron vivo al Rey Agag y perdonaron todo lo bueno (7-9). ¿Acaso obedeció el rey a Jehová? Un lector honesto tendrá que contestar que “no”. Cuando el profeta Samuel acusó al rey, el rey contestó que él desobedeció a Dios pero que sus intenciones eran buenas. Dijo el rey que todo lo bueno fue perdonado para ofrecérselo a Dios como ofrenda. En los versículos 22-23 el profeta pregunta, “¿se complace el SEÑOR tanto En holocaustos y sacrificios Como en la obediencia a la voz del SEÑOR? Entiende, el obedecer es mejor que un sacrificio, Y el prestar atención, que la grasa de los carneros. Porque la rebelión es como el pecado de adivinación, Y la desobediencia, como la iniquidad e idolatría” Las buenas intenciones del rey no era una excusa aceptable y Dios lo castigó. Realmente, cuando el rey “pensó” que su idea era mejor que la de Dios, él fue arrogante y fue culpable de rebelión. No tenemos el derecho de pensar que nuestros pensamientos son mejores que los de Dios. Jehová esperaba obediencia completa, y no parcial.
¿Acaso espera Dios que le obedezcamos en todo, aun hoy?
Los ejemplos del Antiguo Testamento deben ser suficientes para convencer al estudiante de la Biblia de que Dios espera obediencia total y tal y como Él lo manda. Siendo que Jesús no cambia (Hebreos 13:8) se debe esperar que en el Nuevo Testamento Dios también espera obediencia total y completa.
El Señor dijo en Mateo 7:21-23, (Puntos en que meditar no. 7) que no todo el que se llamara hijo de Dios lo era, sino todo aquel que hacía la voluntad de Su Padre que está en los cielos. Cristo también dice que muchos le dirán al Señor que ellos hicieron muchas cosas bien, pero la realidad que Dios no acepta un servicio de obediencia parcial, completa o nada.
En otra ocasión (Mateo 15:8-9), Jesucristo acusó a los fariseos y escribas de ser hipócritas porque enseñaban las tradiciones de los hombres en vez de la Ley de Dios. Cuando el hombre decide substituir lo que Dios dice entonces la Palabra de Dios es hecha vana.
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Es un asunto de arrogancia:
Cada vez que el hombre decide substituir y/o cambiar la palabra de Dios él ignora que Dios es el dador de la ley y el que nos juzgará en el final. Los hermanos de la iglesia en Corinto eran arrogantes porque decidieron que su manera era mejor que la de Dios. En 1 Corintios 5 los hermanos toleraban un acto de incesto en la iglesia. El apóstol Pablo les dijo que su arrogancia no era bueno, sino que deberían expulsar tales que cometían ese pecado. Dios ordenó y el hombre substituyó, y es lo mismo como ser arrogante.
Otro ejemplo de ¨mejorar¨ el plan de Dios se encuentra en 1 Reyes 5. Naamán, un oficial del ejército, sufría de una plaga y fue con el profeta de Dios para ser sanado. Cuando el profeta le dijo que fuera al río y su sumergiera siete veces, el rey se molestó diciendo, ¨...yo pensaba que...¨ Ahí está el dilema del mundo religioso hoy; el hombre piensa que su manera es mejor y que Dios debe respetar lo que el hombre dicte.
¡Es necesario someternos a la palabra de Dios en su totalidad!
Dios quiere que todo hombre se salve y que nadie se pierda. Por eso Él dio a Su Hijo unigénito como sacrificio perfecto, para obtener la salvación. Con el sacrificio del Hijo todos somos uno en Cristo sin distinción entre judío y griego, hombre y mujer, esclavo y libre. Es decir, todos tenemos la misma herencia de la vida eterna en los cielos. (2 Pedro 3:9-10, 1 Juan 1:9-10, Gálatas 3:18).
Para poder ser salvo hay que obedecer en todo. ¨Aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció;
y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente (autor) de eterna salvación para todos los que Le obedecen,...¨ (Hebreos 5:8-9).
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